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VIDEO| Sin miedo al jefe: joven diputado le planta cara al radicalismo de Libre; «no soy traidor»

El diputado olanchano sacude las estructuras internas del Partido Libertad y Refundación al exigir una modernización urgente y diálogo con el sector privado.

Tegucigalpa. ​La tensa calma en el Congreso Nacional saltó por los aires. El diputado por Olancho, Ángel Sandoval, ha lanzado una piedra al estanque del Partido Libertad y Refundación (Libre) y las ondas expansivas ya retumban en toda la estructura de la ahora oposición.
A sus 28 años, el parlamentario decidió que «ser leal no es ser mudo» y, a través de una declaración que ya circula como pólvora en redes, puso los puntos sobre las íes respecto al rumbo que, según él, debe tomar su institución política.

​Sandoval, quien llegó al Legislativo con la bandera del cambio generacional, no se anduvo con rodeos. Aunque reafirmó su pertenencia a la bancada de Libre, dejó claro que el partido se encuentra en una encrucijada donde el radicalismo podría ser su peor enemigo de cara al próximo proceso electoral.

«Cualquier institución necesita regenerarse, modernizarse y replantearse», sentenció el joven líder, marcando una distancia saludable del discurso cuadrado que impera en ciertos sectores de la dirigencia.

​El meollo del asunto radica en la interpretación de la «lealtad». Para el diputado olanchano, la disciplina partidaria no puede ser un cheque en blanco ni una venda en los ojos.

Según sus palabras, Honduras vive una nueva realidad que exige menos confrontación y más acuerdos. En un giro que ha levantado cejas tanto en Casa Presidencial como en el sector empresarial, Sandoval abogó por que Libre empiece a representar también a la empresa privada, bajo la premisa de que sin crecimiento económico y sin puentes con quienes generan empleo, el proyecto político se estanca.

​Este «despertar» de Sandoval no es un hecho aislado, sino el reflejo de una juventud hondureña que, dentro del mismo partido de gobierno, empieza a pedir cuentas. El diputado fue enfático al decir que no es un traidor, sino un hondureño comprometido que tiene el valor de decir lo incómodo. Su postura plantea un dilema para la cúpula: ¿escucharán la voz de la renovación o aplicarán la guillotina del «tradicionalismo político» que tanto criticaron en el pasado?

Por ahora, el diputado por Olancho ha dejado claro que su curul no es un adorno y que su voz tiene el respaldo de quienes buscan una política de altura, lejos del lodo y el fanatismo.