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Tres vidas, un mismo adiós: El hijo que murió al volante, la esposa que lo amaba y la madre que no resistió el dolor

San Pedro Sula. Una tragedia de dimensiones humanas estremecedoras sacudió a Honduras, cuando un violento accidente de tránsito en la carretera CA-4, a la altura del sector de Camalote, en Quimistán, Santa Bárbara, dejó al menos nueve personas fallecidas y varias más heridas. Sin embargo, entre todas las historias que emergen del dolor, una destaca por su crudeza: la de Javier Deras y su familia.

Deras, de 46 años, conducía el autobús que regresaba de Esquipulas, Guatemala, tras una actividad religiosa. En el mismo vehículo viajaban su esposa, Yarely Rodríguez, y su madre, Francisca Zelaya. Lo que sería un viaje de retorno cargado de fe terminó convertido en una escena de muerte.

El impacto frontal entre el autobús y una rastra no solo cobró la vida de Deras en el acto, sino también la de su esposa, con quien, según versiones, había contraído matrimonio recientemente. La pareja, que comenzaba una nueva etapa juntos, encontró un final inesperado en medio del asfalto.

Pero la tragedia no terminó allí.
Francisca Zelaya, madre del conductor, logró sobrevivir inicialmente al accidente, aunque con múltiples lesiones. Sin embargo, al ser informada de la muerte de su hijo, no pudo resistir el golpe emocional.

El dolor, profundo e inmediato, según trascendió fue lo que le provocó un infarto que también acabó con su vida, sellando así una pérdida devastadora: madre, hijo y nuera fallecieron en cuestión de horas.

La historia ha sido descrita por allegados como una de las más dolorosas que ha dejado este siniestro, no solo por la magnitud de las pérdidas, sino por el contexto familiar que ya venía marcado por el duelo.

En el caso de otra víctima, María Cupertina Ortiz, familiares relataron que apenas hacía dos meses había perdido a su esposo, evidenciando cómo la tragedia ha golpeado a familias enteras.

Las autoridades, a través de la Dirección Nacional de Vialidad y Transporte (DNVT), han señalado que entre las causas preliminares del accidente figura la participación de un conductor de rastra sin licencia para manejo de carga pesada. Este factor, sumado a otras posibles negligencias, continúa bajo investigación.

Mientras tanto, en la morgue de San Pedro Sula, el proceso de entrega de los cuerpos a sus familiares se ha desarrollado entre llanto, incredulidad y silencio. Nombres como Mirna Álvarez, Orestila Castellanos, Lidia Abelina Cubas, Elena Cubas y el propio Ever Fajardo, conductor de la rastra, se suman a la lista de víctimas que hoy enlutan a Honduras.

La muerte de Javier Deras no solo representa la pérdida de un conductor, sino el derrumbe de una familia entera en cuestión de horas. Una historia que, más allá de cifras, deja al descubierto el profundo impacto humano de los accidentes de tránsito y la fragilidad de la vida.