Las condiciones climáticas propias de una vaguada han retrasado una de las tradiciones más emblemáticas de la Semana Santa capitalina, dejando en incertidumbre a artesanos y feligreses.
Tegucigalpa. La tradición de las alfombras de aserrín en Tegucigalpa enfrenta este año un obstáculo inesperado. Las lluvias atípicas que han caído durante la Semana Santa mantienen en suspenso la elaboración de estas coloridas obras efímeras, que cada año llenan de arte y devoción las principales calles de la capital hondureña.
Desde la noche del Miércoles Santo, la avenida Cervantes fue cerrada con el objetivo de preparar el terreno para la elaboración de las alfombras. Sin embargo, el clima no ha dado tregua. Hasta la tarde del Jueves Santo, los artesanos y feligreses, a pesar de tener todo listo materiales, diseños y disposición, no habían podido iniciar el proceso debido a la persistente lluvia.
La incertidumbre crece entre quienes participan en esta tradición. Aunque no pierden la esperanza de comenzar en cualquier momento, el tiempo juega en su contra. De acuerdo con los planes iniciales, las alfombras debían empezar a elaborarse al mediodía del Jueves Santo para estar listas antes de las actividades religiosas del Viernes Santo. Ahora, ese cronograma parece difícil de cumplir.
Incluso si las condiciones mejoran en las próximas horas, los organizadores reconocen que ya no sería posible completar los 600 metros de alfombras previstos para este año, lo que representa un duro golpe para una manifestación cultural profundamente arraigada.
El panorama no resulta alentador. Según el Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), una vaguada en superficie, combinada con la convergencia de viento y humedad provenientes tanto del mar Caribe como del océano Pacífico, continuará generando lluvias y chubascos de intensidad variable. Estas condiciones afectarán varias regiones del país, incluida la zona central donde se ubica la capital.
Para el Viernes Santo, se prevén condiciones similares, con lluvias dispersas y posibles tormentas eléctricas aisladas. Este escenario reduce considerablemente el margen de acción de los artesanos, quienes dependen de superficies secas para dar forma a las alfombras.
A pesar de todo, la fe y la tradición siguen intactas. Los participantes mantienen la esperanza de que el clima dé una tregua, aunque sea breve, para poder rendir homenaje a una de las expresiones culturales y religiosas más significativas de Honduras.


