Tegucigalpa. En política, las palabras pesan, pero las pruebas mandan. Y en ese terreno, el excandidato presidencial, Salvador Nasralla ha quedado en deuda tras lanzar una de las acusaciones más delicadas de los últimos tiempos: que se pagaron 12 millones de dólares para desacreditarlo en Estados Unidos y evitar su llegada al poder.
El señalamiento, por su gravedad, exigiría respaldo sólido. Sin embargo, hasta ahora, lo que hay es únicamente su versión.
“Pagaron 12 millones de dólares para que el presidente de Estados Unidos (Donald Trump) dijera que yo soy comunista”, afirmó Nasralla.
Según su relato, el dinero habría salido tanto del extranjero como de sectores económicos nacionales: “Alguien puso 7 millones de dólares en Estados Unidos y acá gente de pisto puso 5 millones de dólares”.
Pero la contundencia del discurso contrasta con la ausencia total de evidencia pública. No hay documentos, nombres, transferencias ni registros que sustenten una acusación que, de ser cierta, implicaría un escándalo internacional de gran magnitud.
Nasralla, en su defensa, apeló a su trayectoria fuera de la política:
“Yo no soy comunista… Yo soy un empleado de televisión… 49 años trabajando en tele… yo no vivo de la política”, expresó, intentando reforzar su imagen de independencia.
No obstante, el problema no radica en su identidad ideológica, sino en la falta de sustento de su denuncia. En un contexto donde la desinformación puede tener consecuencias, lanzar acusaciones sin pruebas no solo debilita el discurso, sino que erosiona la credibilidad de quien las emite.
El excandidato también criticó la gestión estatal, señalando supuestos vínculos de funcionarios con activismo político y crimen organizado:
“Se desperdició ese esfuerzo para poner activistas políticos… volvieron al nepotismo”, aseguró.
Sin embargo, nuevamente, sus palabras carecen de elementos verificables que permitan distinguir entre una denuncia fundamentada y una narrativa política.
Las reacciones no tardaron. El político y defensor de derechos humanos Andrés Pavón cuestionó directamente la veracidad del señalamiento:
“Salvador es una persona volátil… Trump no está interesado en 12 millones, no va a comprometer su condición de líder global”, sostuvo.


