Olanchito, Yoro. Lo que empezó como una aventura de escape al más puro estilo de película de acción el pasado 20 de abril, terminó este jueves en un amargo despertar para cinco privados de libertad. Los sujetos, que creyeron haber burlado el sistema de seguridad del Centro Penitenciario de Olanchito, Yoro, no contaban con que la tregua les duraría menos que un suspiro.
El Instituto Nacional Penitenciario (INP) confirmó esta tarde que los cinco fugitivos ya están de nuevo bajo custodia.
No fue una tarea fácil, pero la presión conjunta de la Policía Nacional, la DPI, las Fuerzas Armadas y la Policía Militar, con el apoyo tecnológico del 911, les cerró todas las salidas. Entre rastreos en zonas montañosas y el ojo vigilante de los agentes, la «operación cacería» fue un éxito rotundo.
Sin embargo, el ingrediente secreto de esta recaptura no fue solo la fuerza bruta. La ciudadanía, cansada de los «vivos», colaboró con información clave que sirvió para dar con el paradero de los evadidos.
El INP no tardó en agradecer el civismo de los vecinos de Yoro, confirmando que el que la hace, tarde o temprano, la paga.
Pero no todo son palmadas en la espalda. En las oficinas de Tegucigalpa el ambiente está tenso. Se ha ordenado una investigación interna de «alto voltaje» para descubrir qué guardia se quedó dormido o quién les abrió la puerta. El INP promete que rodarán cabezas para que las cárceles de Honduras dejen de ser coladores.


