La una víctima revela cómo fue engañada, trasladada y sometida durante meses fuera del país.
Tegucigalpa. Una joven hondureña sobreviviente de trata de personas relató el infierno que vivió tras ser captada con una oferta laboral falsa, una experiencia que —según sus palabras— la llevó a perder su dignidad, su libertad y, en muchos momentos, el deseo de seguir con vida.
La joven contó en entrevista con TN5 Estelar, que antes de lo ocurrido llevaba una vida “muy feliz”, siempre dispuesta a ayudar a quienes la buscaban. Sin embargo, tras graduarse, enfrentaba una difícil situación económica junto a su familia, lo que la llevó a buscar trabajo con urgencia para contribuir en su hogar.
En ese contexto, una conocida y vecina la contactó a través de redes sociales preguntándole si tenía empleo. Al responder que no, le ofreció una oportunidad en el extranjero, asegurándole que trabajaría en un restaurante y que ganaría 600 dólares semanales. La propuesta parecía confiable, especialmente porque le dijeron que otras muchachas ya estaban trabajando y “estaban bien”, además de contar con el respaldo de la madre de la reclutadora.
El engaño y el traslado irregular
El proceso comenzó cuando la mujer regresó a Honduras en mayo y, tras pasar unos días con su familia, fue a buscarla personalmente. La joven preparó sus pertenencias y dejó su hogar en una despedida difícil, especialmente por tratarse del Día de la Madre, fecha en la que nunca antes se había separado de ella.
Posteriormente fue trasladada a San Pedro Sula, donde permaneció en un hotel junto a otras tres jóvenes. Desde ahí inició un recorrido irregular hacia el extranjero. Relató que en la frontera evitaron controles, ya que el conductor del bus se quedó hablando con autoridades mientras ellas eran conducidas a otro transporte. Más adelante, fueron obligadas a cruzar un río de noche y entregadas a hombres que las esperaban. “No nos dejaron ni poner pie en el suelo, ya estaban jalando las maletas”, recordó.
Tres meses de horror y sometimiento
Al llegar a su destino, la joven fue llevada a un lugar aislado, rodeado de monte, donde comenzó su cautiverio. Durante tres meses vivió bajo amenazas constantes, sometida a abusos y sin posibilidad de escapar. “Es horrible, no le deseo eso a nadie, uno siente que no vale nada”, expresó.
Describió que las víctimas eran tratadas sin ningún tipo de consideración, incluso cuando estaban enfermas. “Hacen con uno lo que quieren… no les importaba si una andaba con la menstruación”, relató. Además, aseguró que las jóvenes que enfermaban o contraían enfermedades simplemente desaparecían. “No volvíamos a saber de ellas”, dijo.
También confirmó la presencia de menores de edad dentro del grupo, algunas de apenas 15 y 16 años, varias de las cuales fueron posteriormente rescatadas. El nivel de sufrimiento era tal que, según confesó, llegó a pensar que la muerte era preferible. “Es mil veces mejor morir que vivir así”, afirmó.
El proceso de sanación y un mensaje de alerta
Tras salir de esa situación, la joven ha iniciado un proceso de recuperación emocional que describe como lento, pero constante. Señaló que su fe ha sido clave en este camino, ya que desde su regreso se ha mantenido cercana a la iglesia y a su entorno de apoyo.
Hoy, su principal objetivo es advertir a otras jóvenes sobre los peligros de este tipo de engaños. “Que sepan que sí existe, que hay personas malas y que no caigan en la trata”, expresó, con la esperanza de que su historia sirva para evitar que más personas sean víctimas de estas redes criminales.


