A los 38 años, Lionel Messi juega como si tuviera, otra vez, 20 años. No pasa el tiempo para el genio del fútbol mundial, más allá de que juega en una liga impropia para su historia y su grandeza. Lleva dos goles convertidos en los últimos cinco partidos para Inter Miami, la franquicia en la que brilla en la MLS. Esta vez, le convirtió a Nashville, uno de los mejores equipos, segundo en su zona, en el triunfo por 2 a 1, por la 28ª fecha del certamen norteamericano.
Nashville es el equipo del hondureño Andy Nájar.
Messi tuvo otra actuación estupenda. Primero, marcó de tiro libre, un golazo fuera de sus registros, porque le pegó cruzado, al palo del arquero. Una obra maestra. Más tarde, aprovechó un error grosero del mismo guardavalla visitante, que rechazó el balón directo al cuerpo del crack. Recibió el balón, amagó y definió con la clase de siempre.
Inter Miami alcanzó los 38 puntos y quedó a tres de su calificado adversario, aunque con tres partidos menos. Y quedó a cinco de Philadelphia Union, provisional líder de la Conferencia Este.
Los primeros minutos fueron una etapa de estudio. Inter Miami propuso ataques sólidos, estructurados, sin demasiada velocidad. Tal vez, un poco previsible. Nashville demostró todo lo contrario, en una suerte de 4-2-4, con avances veloces y pretendidamente peligrosos. Sin embargo, solo se medían. Se estudiaban.
Una mala salida de Nashville derivó en una posición ideal para Suárez, que con el arco vacío elevó el remate. Pudo ser la apertura del marcador, pero el Pistolero no atraviesa su mejor versión, en el otoño de su carrera.
De a poco, Messi fue tomando la conducción del partido, con sutilezas, desde el medio hacia la izquierda. Jugaba con cierta libertad, sin marcas asfixiantes. Segovia y Allende fueron sus mejores compañeros.
Hasta que a los 17 minutos surgió su primera obra maestra. Tiro libre de Messi, cruzado, al palo del arquero, que se sorprendió con el remate. Golazo, más allá de todo. Y la acción fue revisada por el VAR, por una posición adelantada de Suárez, que no fue considerada.
El equipo local sorprendía a todos: tenía el dominio casi total del desarrollo, no solo por la magia de Messi. Desde Ustari, las proyecciones de Alba, pasando por los centrales, un mediocampo más compacto liderado por Busquets. Solo desentonaba Suárez, mal físicamente.


