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El saldo amargo del clásico capitalino: Un aficionado en estado crítico y cuantiosos daños colaterales

Vecinos y conductores particulares, las víctimas invisibles de una tarde de vandalismo en la capital. 

Tegucigalpa. Lo que debía ser una fiesta del fútbol hondureño se transformó en un escenario de caos absoluto. Tras los violentos enfrentamientos entre las barras «Ultras Fiel» y «Los Revolucionarios» en las inmediaciones del Estadio Nacional, el foco de la tragedia se ha trasladado a las salas de urgencias y a las calles aledañas, donde el ciudadano común terminó pagando el precio de la falta de control. 

El comisionado de Policía, Wilber Mayes Ríos, reconoció que el dispositivo de seguridad se vio superado por la magnitud de los disturbios. Mientras equipos técnicos de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) analizan cámaras de seguridad para identificar a los vándalos, el reporte médico es alarmante.  

Según Miguel Osorio, portavoz del Hospital Escuela, el joven Romy Galo se debate entre la vida y la muerte tras ingresar con heridas de bala en el cuello y el tórax; actualmente se encuentra intubado y en intervención quirúrgica crítica. 

Por su parte, Raúl Alexander Gómez permanece estable tras recibir un impacto de bala en la cabeza, mientras que Randall Andino abandonó el centro hospitalario por voluntad propia tras ser atendido por un traumatismo craneal provocado por un objeto contundente. 

Exigen a la Federación de Fútbol de Honduras que pague los daños 

Sin embargo, el daño trasciende las fronteras de los hospitales. Los vecinos de los barrios circundantes al coloso capitalino vivieron horas de terror. No solo fueron testigos de la lluvia de piedras y disparos, sino que sufrieron daños directos en sus propiedades. Viviendas con ventanales destrozados y vehículos particulares que simplemente circulaban por la zona terminaron con los vidrios pulverizados. 

En medio de la indignación, los residentes exigen a quien a la Federación de Fútbol de Honduras (FFH) antes conocida como FENAFUTH, que les respondan por los cuantiosos daños materiales, pues aseguran que no tienen por qué asumir las consecuencias de un enfrentamiento que no les pertenece. 

El transporte público también fue blanco del vandalismo: unidades de «rapiditos», buses interurbanos y los propios transportes de los clubes y el cuerpo arbitral resultaron con daños severos. La jornada dejó una estela de «daños colaterales» en ciudadanos que no tenían relación con el encuentro deportivo y que ahora enfrentan pérdidas materiales. 

El partido no se suspendió 

Cabe destacar que, pese a la recomendación inicial de los árbitros de suspender el encuentro debido a la crisis, la Liga Nacional determinó que el balón ruede a las 6:00 p.m. Aunque inicialmente se restringió el acceso, las autoridades terminaron abriendo los portones, permitiendo el ingreso de la afición en un clima de tensa calma.