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“Aquí huele a azufre y a mier…”: el padre de Miriam Barahona retrata en juicio político el infierno que vivió la magistrada

El abogado José Barahona rompe el silencio ante el Congreso Nacional, señalando a Mario Morazán y Johel Zelaya como los «bandidos» detrás de una persecución que aceleró el deceso de su hija.

Tegucigalpa. En una jornada marcada por el luto y la indignación, el Congreso Nacional fue testigo de un testimonio que no solo salpica de lodo a la institucionalidad electoral, sino que revela una crueldad humana difícil de digerir. El abogado José Barahona, padre de la fallecida magistrada Miriam Barahona, compareció ante la Comisión Especial de Juicio Político con un relato que mezcla el dolor de un padre con la furia de un ciudadano que exige justicia.

Sin ambages ni rodeos, Barahona calificó como «bandidos de la democracia» al magistrado suspendido Mario Morazán y al exfiscal Johel Zelaya.

Según el testimonio, la vida de Miriam en el Tribunal de Justicia Electoral (TJE) no fue un ejercicio de derecho, sino una odisea de denigraciones.

El abogado relató que Morazán, desde el primer día, sometió a su hija a un acoso sistemático, llegando al extremo de proferir insultos escatológicos cada vez que la veía: «Aquí huele a azufre y a mierda», era la frase recurrente de quien debía ser su par institucional.

Un trasplante bajo asedio

El drama humano alcanzó su punto más crítico a finales de 2025. Mientras la magistrada luchaba contra una enfermedad hepática que requería un trasplante urgente en Colombia, la maquinaria del Estado, supuestamente dirigida por Morazán y el entonces fiscal Zelaya, intentó librar un requerimiento fiscal y orden de captura en su contra.

«Tuve que sacarla a escondidas del hospital… llegó casi muerta a Guatemala», confesó Barahona, describiendo una fuga desesperada para salvar una vida que ya estaba bajo el asedio de la persecución política.

Barahona fue contundente al señalar que el miedo a un Ministerio Público parcializado impidió que su hija denunciara en vida. Ahora, con la mirada puesta en el actual Fiscal General, Pablo Emilio Reyes, el abogado exige que la justicia no se limite a una destitución administrativa. Para él, si no hay requerimiento fiscal contra Morazán y Marlon Ochoa, se estará «premiando la impunidad». La democracia, según su testimonio, no solo huele mal por la corrupción, sino por la falta de hombría y ética de quienes, desde altos cargos, se ensañaron con una mujer que cumplía su deber incluso en silla de ruedas.