estadisticas web

VIDEOI ¡Dignidad ante la asfixia! Rebeca Ráquel se va de la presidencia pero advierte: ‘Seguiré firme desde mi sala’

Tegucigalpa. Tras oficializar su dimisión técnica ante el Congreso Nacional, la magistrada Rebeca Lizzete Ráquel Obando rompió el silencio con un mensaje de despedida que ha sacudido la opinión pública hondureña. Lo que ayer fue un trámite administrativo para declarar la vacancia de la presidencia del Poder Judicial, hoy se transformó en una plataforma de denuncia. Obando utilizó su última alocución para señalar una supuesta cacería de brujas, asegurando que su salida es un sacrificio necesario para «preservar la estabilidad y evitar que la justicia se vea arrastrada a una confrontación» que, a su juicio, solo genera caos institucional.

En un desarrollo argumentativo de alta tensión, la expresidenta defendió su gestión con una firmeza que raya en el desafío. Aseguró que cada una de sus actuaciones se condujo con «estricto apego a la Constitución de la República, a la ley y a las normas que rigen la función pública». Sin embargo, este blindaje legal fue acompañado de una dura crítica hacia sus detractores, calificando las acusaciones en su contra como ataques carentes de fundamento. Obando fue tajante al afirmar que los cuestionamientos formulados resultan «en muchos casos injustos, tanto en lo humano como en lo institucional», sugiriendo que existe una brecha insalvable entre la realidad de su trabajo y la narrativa política construida para forzar su caída.

El punto de mayor controversia en su discurso fue la transición de lo profesional a lo personal, un terreno poco común en las renuncias de altos funcionarios. La magistrada apeló a su condición de «esposa, madre y abuela» para justificar su paso al costado, denunciando que el clima de hostilidad política comenzó a permear su círculo más íntimo. «No puedo permitir que mi familia atraviese un episodio que marcaría sus vidas de una manera dolorosa e injusta», sentenció con un tono que buscaba humanizar su figura ante una ciudadanía acostumbrada a la frialdad de los despachos judiciales. Este giro narrativo coloca a la familia como el límite infranqueable ante la ambición de los sectores políticos.

La magistrada también aprovechó para lanzar «dardos» implícitos hacia quienes orquestaron la reforma que le restó facultades administrativas. Al insistir en que sirvió con «transparencia y con la conciencia tranquila», dejó entrever que su salida no obedece a una falta de capacidad, sino a una asfixia provocada por el nuevo diseño de poder en la Corte. Según su análisis, los ataques no reflejan el «compromiso honesto, constante y profundo» que mantuvo con el servicio público, sino que responden a intereses ajenos a la impartición de justicia pura, dejando una sombra de duda sobre la independencia de los poderes del Estado en este nuevo ciclo.

En cuanto a la sucesión, Obando bendijo la llegada del magistrado Wagner Vallecillo, a quien le deseó sabiduría para conducir la institución en este periodo de transición. No obstante, el traspaso de mando no significa su retiro definitivo del sistema. La ex titular aclaró que su labor jurisdiccional continuará desde la sala que le sea asignada, prometiendo que su compromiso con una «justicia firme, accesible y cercana a la gente» se mantiene intacto. Esta decisión de permanecer como magistrada de sala sugiere que, aunque perdió la corona de la presidencia, no está dispuesta a ceder su espacio dentro del pleno.

El mensaje cerró con un agradecimiento a la «familia del Poder Judicial», instándoles a mantener la lealtad al Estado de derecho «sin temor ni favor». Este llamado a la resistencia interna es visto por analistas como una advertencia sutil: la institución debe cuidarse de las influencias externas que, según su óptica, provocaron su renuncia. Obando se despidió reafirmando que Honduras necesita instituciones fuertes, pero subrayando que esa fortaleza se construye protegiendo a sus miembros de la «confrontación política» que ella misma alega haber sufrido durante los últimos meses de su accidentada gestión.

Finalmente, la noticia deja un sabor agridulce en la sociedad civil, que observa cómo la cúpula judicial se reconfigura bajo una fuerte sombra de pactos políticos. Mientras Wagner Vallecillo asume la «papa caliente» de la presidencia interina, Rebeca Ráquel Obando se retira a la llanura de las salas jurisdiccionales, habiendo dejado constancia pública de que su salida fue, en sus palabras, un acto de dignidad familiar frente a una injusticia institucional. La pregunta que queda en el aire es si este cambio de nombres calmará las aguas o si, por el contrario, es solo el preámbulo de una crisis mayor en la Corte Suprema de Justicia.