Olanchito, Yoro. La habitual quietud que caracteriza a las montañas del Valle Arriba, en el sector Solares de este municipio, se convirtió en el escenario de una pesadilla familiar. Un comando armado irrumpió en una vivienda aislada con la intención de sembrar el pánico y llevarse a la fuerza a Martina Martínez, una humilde mujer de 92 años, cuya vida corre peligro mientras permanece en cautiverio.
Según se informó, los hechos ocurrieron cuando varios sujetos armados y con el rostro cubierto sorprendieron a los ocupantes de la vivienda.
De acuerdo al relato de los familiares, los delincuentes actuaron con suma violencia, maniatando a Marcos Sergio Martínez, un hombre de aproximadamente 60 años e hijo de la víctima, utilizando una cabulla (soga de fibra natural) para inmovilizarlo y dejarlo encerrado sin posibilidad de auxilio inmediato.
Mientras el hombre permanecía atado y sin poder hacer nada, los plagiarios emprendieron la huida llevándose consigo a la adulta mayor, aprovechando lo agreste del terreno y el conocimiento de la zona.
Antes de escapar, los maleantes también saquearon la vivienda, apoderándose de las pocas pertenencias de valor que encontraron a su paso.
Según comentó Marcos Sergio Martínez, tras varios minutos de forcejeo y desesperación, él logró liberarse de las ataduras.
Inmediatamente, corrió en busca de ayuda, alertando a los vecinos más cercanos. La noticia del secuestro se propagó como reguero de pólvora, movilizando no solo a los residentes de Solares sino también a los habitantes de la comunidad vecina de San Lorenzo Arriba.
Un grupo de personas se adentró en la espesura de la montaña con linternas y machetes, conformando brigadas de búsqueda voluntaria con la esperanza de hallar con vida a Martina Martínez. La desesperación se apoderó de la zona al confirmar que los captores y su víctima habían logrado evadir el cerco inicial.
Exigencias económicas y movilización policial
Horas después del plagio, la tranquilidad dio paso a la incertidumbre y el terror psicológico. De manera extraoficial, se ha conocido que los secuestradores establecieron contacto con los familiares para exigir la cantidad de tres millones de lempiras a cambio de la liberación de la nonagenaria, una suma impagable para una familia de escasos recursos que vive del trabajo en el campo.


