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El Barcelona se descongela a tiempo en Praga y queda cerca del Top 8 en la Champions

El Barcelona sumó una trabajada victoria (2-4) en Praga ante un combativo Slavia y mantiene vivo el objetivo de conseguir el pase directo a los octavos de final de la Liga de Campeones, que podría certificar en la última jornada de la fase liga frente al Copenhague en el Spotify Camp Nou.

Tras un primer tiempo igualado (2-2) en el que Fermín López (min.34 y min.42) dio la vuelta al tanto inicial de Kusej antes del gol en propia puerta de Robert Lewandowski al filo del descanso, el equipo azulgrana cimentó el triunfo en la segunda parte, en la que se lesionó Pedro González ‘Pedri’, gracias a las dianas de Dani Olmo (2-3, min.63) y del ‘9’ polaco (2-4, min.71).

De entrada, compareció el Barça más perezoso, intentando combatir los 7 grados bajo cero. No había calado el “hay que tener respeto por el rival” de Flick cuando le hablaban de la necesidad de golear a los checos para tener más opciones.Y el Slavia lo sorprendió. Bien posicionado, subiendo mucho la línea y apretando la salida de balón azulgrana. Se notaba que los locales tenían poco que ­perder.

El primero en probar el larguero de la portería de Joan Garcia fue Tomáš Chorý, viejo conocido para algunos miembros de esta plantilla: ya marcó dos goles en el Viktoria Plzeň–Barcelona del 2022, en una victoria blaugrana por 2-4. (Para los curiosos, aquel fue un partido intrascendente.

Con Chorý se calentó la activa grada del Slavia de Praga, un muro negro que ondeaba sus bufandas rojas sin cesar. Explotó de euforia cuando apareció Kusej para superar a Joan Garcia en una jugada a balón parado. De Jong había perdido la marca y un Balde superado, congelado y estático, tampoco controló el centro desde la esquina. Quedó reflejado que la defensa del Barcelona –sin Cubarsí, que al séptimo día descansó porque su Excel ya supera el número de partidos permitidos (24 de 26 como titular)– sigue siendo tierna. En su lugar jugó Gerard Martín, que le paró los pies a Zima en una acción que el árbitro señaló como carga legal. (Gil Manzano habría señalado falta).

Fermín marcó un doblete en un partido que peligró por dos goles encajados a balón parado

En ese momento, el Barça acumulaba ya más de 20 pérdidas. Lewandowski erraba en todos sus remates y Pedri estaba sin ideas (mala idea llevar a un canario al centro de Europa en enero). Los únicos que lanzaban chispazos eran Eric Garcia, un valiente que salió en manga corta, sin guantes, pero con su máscara, y que avanzó hasta el semicírculo para atreverse; y Fermín. Siempre Fermín. Después del gol de Kusej, el pasional canterano descorchó la bo­tella.

La jugada del empate fue genial. Bonita. Vertical. De equipo. La inició Pedri filtrando un balón a Eric Garcia. El de Martorell descargó para De Jong con una sutil conducción, y el neerlandés encontró a Fermín con un pase preciso. No perdonó. Pero sabía que no era suficiente, así que ni siquiera lo celebró. Todo lo contrario. Diez minutos después, adelantó a los blaugrana con un gran control y un disparo con la derecha, imposible para el portero. Fue a celebrarlo abrazándose con Flick.

Como ya pasó en Anoeta, no hubo tiempo para festejarlo demasiado. En el minuto siguiente, con los narradores aún elogiando a Fermín, el Barça volvió a pecar a balón parado. Otra vez desde la esquina. Un remate tocó en el hombro de Lewandowski y devolvió el empate al marcador.

Pedri se marcha lesionado y, entre Olmo y Lewandowski sentenciaron la goleada

La bronca de Flick al descanso debió caldear el ambiente para relanzar al equipo. Pero la tecnología del VAR atrapó de nuevo al Barça. Esta vez, el fatídico pelo de la gamba lo marcó la posición de Lewandowski, que venía de desaprovechar el rebote anterior.

Al Barça solo le faltaba la lesión de Pedri, que se tiró al suelo tocándose la parte posterior del muslo derecho. Flick se puso las manos a la cabeza. Acababa de perder a su cerebro. Salió Dani Olmo, que decidió calentarse de la mejor manera posible: con un golazo que congeló al Slavia.Fue una obra de arte, un balón colocado quirúrgicamente en la escuadra.

Empezaron entonces a asomarse las calculadoras de la Champions, contando goles de los otros partidos en curso. El Barça, noveno, necesitaba dos tantos más. Solo pudo marcar uno. Lewandowski maquilló su mal partido con el 4-2: el balón le rebotó en el muslo y acabó en un remate acrobático. Fue el primer gol del polaco en esta Champions. Queda una bala. Será en el añorado Spotify Camp Nou, la semana que viene, contra el Copenhague. Pero el Barcelona debe mejorar y mucho defensivamente. No vale con golear si se quiere ser candidato a ganar en Europa.