Tegucigalpa. La esperanza que sostenía a la familia Escoto se apagó de forma abrupta. Lo que comenzó hace quince días como una lucha desesperada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de un hospital en Georgia, Estados Unidos, culminó en el duelo más profundo. Marco Tulio Escoto, un hondureño de 72 años originario de El Pedernal, El Porvenir, Francisco Morazán, falleció tras no poder superar las secuelas de un accidente cerebrovascular severo.
Conocido cariñosamente como “Aztul”, Marcos Tulio era el pilar de su hija, Blanca Escoto, una madre soltera que reside en el país norteamericano desde hace cinco años.
La tragedia golpeó sin previo aviso: una arteria principal del cerebro se obstruyó, desencadenando un deterioro rápido e irreversible.
«Él nunca había estado enfermo, no tenía ningún padecimiento. Hasta el último momento tuve la esperanza de que iba a salir bien», relató Blanca entre lágrimas a la cadena Univisión.
Sin embargo, en el sistema estadounidense, el luto no detiene el reloj ni las facturas. Apenas diez minutos después del deceso, la realidad administrativa se impuso al dolor. Blanca denuncia la frialdad de un sistema que le exigía decisiones inmediatas sobre servicios funerarios mientras aún procesaba la pérdida.
«Tuve que ocuparme de eso llorando y llamando a todos lados para buscar un lugar», confesó, evidenciando la desprotección que enfrentan los migrantes ante situaciones de emergencia.
La situación es crítica. Al vacío emocional de no poder abrazar a su madre y hermanos, quienes se encuentran lejos y angustiados, se suma una carga financiera insostenible. Sin seguro médico y con la responsabilidad de dos hijos menores, Blanca no cuenta con los recursos para cubrir los costos de los servicios fúnebres y el traslado de los restos de su padre.
Hace apenas unos días, Noticias 24/7 HN había informado sobre el clamor de Blanca para salvar la vida de su padre, quien permanecía en la Unidad de Cuidados Intensivos sin seguro médico, enfrentando altos costos hospitalarios y un panorama incierto. Hoy, esa lucha cambió de rumbo.
El vacío que deja un padre se suma ahora a otra dura realidad: cubrir los costos funerarios en un país donde el duelo no detiene las facturas.
La comunidad hondureña y personas de buen corazón tienen ahora la oportunidad de extender una mano solidaria. La familia mantiene activa una campaña de recaudación de fondos para dignificar la despedida de un hombre que trabajó durante 24 años en el extranjero. Cualquier aporte, por pequeño que sea, o incluso la difusión de su historia, representa un alivio para esta madre que hoy solo pide poder despedir a su padre en paz.
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