Tegucigalpa. El costo de la canasta básica en Honduras ha alcanzado los L12,923 mensuales para una familia de cinco personas, según datos oficiales de la Secretaría de Trabajo y Seguridad Social. Este incremento de 583 lempiras en comparación al primer semestre del año anterior representa un golpe directo al ya debilitado bolsillo de miles de hondureños, quienes aseguran que sobrevivir se ha vuelto una lucha diaria.
El aumento sostenido en los precios de alimentos esenciales como arroz, frijoles, maíz, carne y lácteos, combinado con los costos del transporte, los servicios básicos y otros gastos familiares, ha puesto en evidencia la fragilidad del poder adquisitivo de la población, especialmente de los sectores con ingresos bajos y medios.
“Mes a mes sube la canasta básica, pero no el salario del que no es empresario ni político”, lamentó Jimmy Ponce, coordinador de la Feria del Agricultor y el Artesano, quien confirmó que las cifras del Gobierno reflejan lo que realmente ocurre en los mercados populares.
Aunque el salario mínimo en Honduras ronda los L13,985, lo cierto es que la mayoría de los trabajadores no perciben ese ingreso. De hecho, el promedio por asalariado es de apenas 8,000 lempiras, mientras que el ingreso por hogar —donde trabajan dos personas— apenas supera los 16,000 lempiras, monto que resulta insuficiente para cubrir el costo de la canasta básica, mucho menos si se agregan gastos de salud, educación o vivienda.
Este nuevo aumento ha despertado preocupación no solo entre consumidores, sino también entre productores y analistas, quienes señalan que la inflación y la falta de políticas económicas efectivas están provocando un deterioro progresivo del nivel de vida de la población.
Diversos sectores coinciden en que la dependencia de productos importados, los altos precios del combustible y la débil producción nacional son factores que siguen presionando los precios al alza. En este contexto, los hogares se ven forzados a reducir sus compras, cambiar su dieta y priorizar lo mínimo para subsistir, lo que también tiene repercusiones en la salud y el desarrollo infantil.
A pesar de la gravedad del panorama, no se observan medidas concretas por parte del Gobierno para mitigar el impacto de esta crisis en los hogares más vulnerables. Economistas insisten en que se requiere una estrategia integral de control de precios, fortalecimiento del agro, generación de empleo y protección al consumidor, si se quiere evitar un deterioro aún mayor en la calidad de vida de los hondureños.
Mientras tanto, la realidad es contundente: el dinero no alcanza, y el pueblo está pagando las consecuencias de una economía que no prioriza sus necesidades.


