Redacción deportes, 6 jul (EFE).- Con el mal recuerdo aún de la derrota encajada en el Mercedes Benz Stadium de Atlanta contra el París Saint Germain, el adiós al Mundial de Clubes y la preocupación, aún vigente, de la seria lesión del joven Jamal Musiala, Thomas Muller dijo adiós a su carrera en el Bayern Múnich para erigirse en una leyenda del fútbol alemán.
A lo largo de sus diecisiete temporadas en el club bávaro, con el que ha mantenido una fidelidad inquebrantable, este elegante atacante, falso delantero centro en ocasiones, indescifrable en su posición, entre centrocampista y ariete, siempre con la portería rival como referente, ha vivido lo bueno y lo menos bueno de la etapa reciente de una entidad poderosa, una de los referentes del Viejo Continente.
Elevó a lo más alto Thomas un apellido de significativa tradición en el fútbol germano. Casi siempre hubo un Muller en los campos de Alemania. Gerd, el artillero de los años 70, el que sobresalió en el Mundial de 1974, el que formó parte del inicio preponderante del club, abrió el camino que luego continuaron Hansi, un centrocampista de calidad que apareció en el Stuttgart y siguió en el Inter Milan. Recogió el testigo de Gerd y lideró a su selección en Argentina 1978 que encumbró también a Dieter, atacante del Colonia y también del Stuttgart antes de marchar al Girondins. Aún no se vislumbra heredero para Thomas, el gran adalid alemán en el siglo XXI.
No ha habido más vida para este tipo de 35 años, nacido en Weilheim-Schongau, Baviera, donde irrumpió en el 2008 desde el filial, con 19 de edad, como recurso de una entidad que necesitaba un giro para recuperar la autoridad en la Bundesliga. Sin el título, que ese curso ganó el Wolfsburgo, fue de la mano de Jurgen Klinsmann cuando echó a andar como profesional en la entidad bávara aunque aún tardaría unos meses en amarrar la titularidad y en acreditarse como futbolista básico en un equipo legendario, sin fisuras en la historia del fútbol.
El Bayern, por entonces, mantenía un mano a mano sin definición con un Borussia Dortmund al alza. En los cuatro primeros ejercicios de Thomas Muller el club de Múnich solo ganó un título de Liga. El Wolfsburgo, en una ocasión, y el Dortmund, en dos, se interponían en su tradicional autoridad. Excesivos movimientos en el banquillo -Ottmar Hitzfeld, Klinsmann, Jupp Heynckes y Louis Van Gaal manejaron el timón con distinto éxito. Pero sin la estabilidad deseada.
Thomas Muller, sin embargo, crecía progresivamente y su presencia en el campo era cada vez más necesaria. Para entonces ya era un jugador versátil; la calidad le auxiliaba para cualquier situación de medio campo hacia adelante y su físico y su instinto de goleador le hacían abrirse paso en el ataque.
El Bayern, con Muller ya como referente, recuperó el poder. En el último año de Heynckes, el 2012-2013, ganó todo. La Bundesliga y la Liga de Campeones. Inició un ciclo interminable en la liga germana. fue el tramo en el que conquistó once títulos del tirón. Con el español Pep Guardiola, con el italiano Carlo Ancelotti, con Willy Sagnol, otra vez con Heynkes, con Niko Kovac, con Hansi Flick, con el que consiguió los seis trofeos que disputó y con Julian Nagelsmann.


