Tegucigalpa. A solo tres días de haber entrado en vigor, el nuevo cobro del 1 % a las remesas enviadas desde Estados Unidos ya comienza a sentirse entre los hondureños radicados en ese país y sus familias en Honduras, generando sorpresa, confusión y preocupación por el impacto económico que tendrá en miles de hogares.
El primer impacto quedó evidenciado con el testimonio de una hondureña que, al realizar su primer envío del año, descubrió de forma inesperada que su remesa estaba sujeta al nuevo gravamen. Al enviar aproximadamente 1,050 dólares, se le aplicó un cargo adicional de 15.50 dólares, sin haber recibido información previa sobre la medida.
“Fue una sorpresa, no sabía que estaban haciendo esto. Incluso la persona que me atendió estaba en shock porque tampoco tenía conocimiento”, relató, al señalar que no había visto anuncios ni comunicados oficiales sobre el nuevo cobro.
La ciudadana explicó que, hasta ahora, solo tiene certeza de que el impuesto se aplica a las remesas, y desconoce si alcanzará otros tipos de transferencias. Ante este escenario, afirmó que evaluará con mayor cautela cómo enviar dinero en adelante y buscará alternativas para reducir el impacto del nuevo cargo.
El impuesto del 1 % a las remesas entró en vigor el 1 de enero, como parte de una ley fiscal impulsada durante la administración del expresidente estadounidense Donald Trump, pese a las advertencias sobre sus posibles efectos negativos en los países receptores.
Impacto económico en Honduras
Economistas hondureños advierten que la medida podría representar una pérdida de hasta 200 millones de dólares para Honduras, un país donde las remesas no solo son un ingreso, sino el sustento diario de miles de familias para alimentación, vivienda, educación y salud.
El gravamen se aplica únicamente a envíos en efectivo, giros postales y cheques de caja, quedando exentas las transferencias realizadas desde cuentas bancarias, tarjetas de débito o crédito, un detalle que podría modificar el comportamiento de los migrantes al momento de enviar dinero.
Según el presidente del Colegio Hondureño de Economistas, Juan Carlos Hernández, en 2025 los hondureños en el exterior enviaron más de 12 mil millones de dólares, por lo que el impacto del impuesto no solo se reflejará en menos recursos, sino en cambios en la forma y frecuencia de los envíos.
“Los migrantes podrían optar por enviar montos más altos, pero con menor frecuencia, para reducir el efecto del impuesto”, explicó.
El motor de la economía bajo presión
Datos del Banco Central de Honduras (BCH) confirman la magnitud del fenómeno. En 2024 ingresaron 9,743 millones de dólares en remesas y en 2025 la cifra ascendió a 11,755.2 millones, superando con anticipación la proyección oficial de 10,200 millones.
Durante la temporada navideña, los envíos promediaron 247 millones de dólares semanales, equivalentes a unos 35 millones diarios, con un crecimiento interanual del 25.2 %. De mantenerse esa tendencia, el cierre de 2025 habría rondado los 12,200 millones de dólares.
Sin embargo, el nuevo impuesto introduce un riesgo directo sobre uno de los principales motores de la economía hondureña, en abierta contradicción con las recomendaciones internacionales de reducir los costos de envío de remesas, como las promovidas por la Organización de las Naciones Unidas y el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular.
Apenas iniciado el año, el impacto del nuevo cobro ya deja claro que el costo de enviar dinero a casa será más alto, y que las remesas —clave para la estabilidad social y económica del país— entran en una nueva etapa de incertidumbre.


