Pero un 50% según la calificación hondureña es un aplazado y sin derecho a recuperación.
Tegucigalpa. En la más reciente encuesta de CID Gallup, realizada el pasado enero de 2025, la presidente Xiomara Castro se encuentra en una zona delicada. Con un 50% de aprobación, la mandataria hondureña ocupa una posición intermedia en el panorama latinoamericano, pero esta cifra se aleja de una calificación positiva.
De acuerdo con la visión de los ciudadanos, un 50% no es suficiente: es un “aplazado” en el ámbito académico, una evaluación que no da derecho a recuperación.
La encuesta, que mide el desempeño de presidentes en toda América Latina, coloca a Castro en la mitad de la tabla, junto a otros mandatarios de la región como Daniel Noboa de Ecuador (47%) y Daniel Ortega de Nicaragua (41%). Aunque no es la peor calificación, la cifra refleja una falta de confianza por parte de un sector significativo de la población, que esperaba resultados más contundentes en áreas clave como la seguridad, la economía y la lucha contra la corrupción.
En contraste, líderes como Nayib Bukele de El Salvador (83%) y Rodrigo Chaves de Costa Rica (65%) alcanzan calificaciones mucho más altas, lo que pone en evidencia el abismo entre la gestión de Castro y las expectativas de los hondureños. Para los ciudadanos, un 50% es más que una aprobación a medias; es una señal de que la gestión aún no ha logrado conectar con los desafíos que enfrenta el país.
Este resultado también resalta la frustración de una parte importante de la población que sigue esperando respuestas efectivas a problemas como la violencia, el desempleo y la pobreza. El desempeño de la presidenta Castro, por ahora, no ha logrado superar esas barreras, y el camino hacia la consolidación de su gobierno parece más incierto que nunca.
La metodología de la encuesta de CID Gallup, realizada con entrevistas cara a cara y por teléfono a más de 1,200 ciudadanos de cada país, con un margen de error de ±2.8 puntos y un nivel de confianza del 95%, refuerza la importancia de estos resultados. La calificación de un 50% no es solo un número: es la reflexión de un país que, aunque no está totalmente descontento, aún no ve los cambios que esperaba.



