Venta de la popular BALEADA ‘acribillada’ por trancazo al precio de la harina

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Mientras la industria harinera sube los precios al quintal de harina sin contemplaciones, las vendedoras de baleadas de esta ciudad se enfrentan a una dura disyuntiva: mantener los precios absorbiendo el trancazo y con ello  reduciendo sus ganancias, o ajustarlos los precios con el riesgo de perder sus clientes.

“Nos habían subido 40 lempiras al precio del quintal a finales del año pasado, ahora vino el vendedor y nos dijo que a partir de esta semana costaba 100 lempiras más; en resumidas cuentas, lo estamos pagando el quintal a 900 lempiras”, contó una micro empresaria de las baleadas. Es de recordar que en Honduras solo hay tres molinos y se ponen de acuerdo cuando se trata de aumentar precios.

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Esa circunstancia pone a estas emprendedoras en una disyuntiva, trasladan el aumento al precio de sus baleadas. Así, el trancazo, como siempre, lo terminarían pagando los consumidores finales, o reducen el tamaño a sus tortillas, tal como lo hacen las panificadoras, en todo caso corren el riesgo de perder sus clientes.

Con los incrementos que la harina de trigo viene acreditando desde los últimos meses del año anterior, las ganancias de las vendedoras de baleadas se han disminuido de forma drástica, con la paradoja que tantos sus clientes como ellas están en el mismo nivel económico social, por lo tanto, estas alteraciones de precios les afectan por igual.

Es así como muchas de ellas, a escasos de días estar asimilando estos trancazos, no tienen una visión clara de qué va a ser de sus negocios, con suma preocupación ven que no tendrán otra opción que dejar a que sea el bolsillo de los consumidores que terminen por pagar el incrementó, cuando bien podrían ser las industrias molineras, cuyos márgenes de ganancias son sustanciales.

Además, algo muy importante en esta situación es que las emprendedoras de las baleadas, a menudo, también son generadoras de empleo, por lo tanto, el efecto negativo es multiplicador; por lo que agravado a la paupérrima situación económica del pueblo hondureño, el asunto no debería ser dejado en manos de los más desposeídos.

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