Un relato periodístico sobre el Covid narrado en primera persona por: Marlyn Elisa rivera

recorte marlyn


El Covid, una enfermedad terrible, en donde lo peor no está en sus dolencias corpóreas, que en si mismas son agudas, lo peor del Covid se encuentra en la indiferencia que encuentran quienes necesitan atención.

La colega, compañera y amiga, Marlyn Elisa Rivera del equipo de análisis de La Tertulia de Canal 6 figura entre las personas que gracias a Dios lograron dejar atrás a la enfermedad del coronavirus y hoy nos trae su relato.

Nos cuenta que todo tiene su inicio cuando su esposo recibe un dictamen de dengue, lo cual fue correcto, él estaba positivo por dengue; pero luego comienza ella también con los síntomas y, desde luego, lo más lógico fue creer que ella tenía dengue.

Así, Marlyn Elisa, dejó transcurrir 10 días vitales para poder combatir con mejores armas a la enfermedad. “Porque me rehusaba a creer que lo que tenía era el Covid”.

En este punto, brindó su agradecimiento a su jefe y amigo Carlos Martínez, quien durante varios días le insistió para que acudiera al médico, porque según ella lo que tenía era dengue. “Porque quien me obligó, así entre comillas, fue él porque yo ya había perdido una oportunidad de hacerme la prueba”.

“Muchacha que estás pensando, no jugués con eso”, relató como parte de la insistencia de Martínez para que ella le diera importancia a la enfermedad. “Porque claro, uno está a diario con este tema y realmente quiero decirles que estos 14 días que viví con este diagnóstico, cinco de ellos fueron los más críticos para mi”.

“Porque fue cuando estaba el auge del virus en mi cuerpo, realmente no tenía ánimo para nada, no me levantaba, no me maquillaba, fue muy difícil y en verdad me daba pena porque Carlos me preguntaba si iba a poder a salir hoy y yo le decía que no. También mi esposo me preguntaba ‘no dijo nada Carlos de usted’ (referente a su enfermedad), no le decía yo, creo que no lo quiere  publicar; porque es una situación muy incómoda”.

“Creo firmemente en las promesas que el Señor tiene para mi vida, porque el último día, el día que me iba a hacer la prueba y yo hablaba con el Señor y la decía. ‘Señor mi cuerpo ya no resiste este virus, realmente yo quiero saber cuál es tu voluntad sobre mi vida”, manifestó

“Yo comencé con las fiebres, luego con fuertes dolores de cabeza, yo sentía que me hervía, también un fuertísimo dolor en las articulaciones y cuando ya perdí el olfato y el gusto ahí sí caímos en las sospechas que podía ser el coronavirus”.

En cuanto a las deducciones de cómo pudo haber sido este contagio. Ella relata que al inicio sospechaban de un hermano de Marlyn que trabaja en la maquila y le habían diagnosticado posible Covid, pero al final confirmaron que era dengue”.

“Resulta que aquí cerca hay una pulpería y siento que el dinero que yo manipulé de esa pulpería fue lo que realmente me contagió. “Creo que fue allí en donde menos medidas de bioseguridad tomé. Porque he ido a supermercados, a bancos y siempre fui bien estricta con el gel, la mascarilla, todo lo que nos recomiendan”.

LAS HISTORIAS DE LAS VISITAS A LOS TRIAJES

“La primera vez que yo fui, el médico fue en el triaje de Expocentro, me dijo que yo no era sospechosa de Covid por los síntomas que presentaba, sin embargo me prescribió unos exámenes y me dijo: ‘cuando tenga los resultados vaya donde su médico que se los lea y así sale de la duda’, así lo hicimos y en el macro distrito me los leyeron y tampoco salí positiva de Covid”.

A todo esto tenía de 5 a 6 días con el virus dentro de mi cuerpo, sin todavía ser sospechosa de Covid. Unos días después es cuando ya perdí los sentidos del gusto y del olfato, por lo que volví a ir al triaje de Expocentro, me vio el mismo médico y dijo. “Pero usted no ha sido diagnosticada como sospechosa de Covid __y le dije__ doctor si usted me vio, de hecho me mandó a hacer unos exámenes, así me pasaron a la sala de Covid y me empezaron a dar el tratamiento; a todo esto ya tenía entre 8 a 10 días”, relató.

Dijo que ese tratamiento lo inició sin haber tenido una prueba para Covid. Relató que después de ello perdió dos oportunidades para realizarse la prueba porque ya no tenía fuerzas ni siquiera para levantarse.

No obstante y a pesar de ello, como pudo un día salió hacia las clínicas instaladas en el Gimnasio Municipal. “Yo recuerdo que me recomendaron ir allí porque es una sala estabilizadora y por eso no me atendieron, además que solo atienden a pacientes que son remitidos del Hospital Mario Rivas.

“Cuando yo llego veo a algunos colegas que trabajan en relaciones públicas (de la municipalidad), pero claro, como yo ando con la mascarilla será que ellos no me reconocieron y yo tampoco me identifiqué, solo recuerdo que en medio de mi angustia les pedí que si me podían ayudar. Entonces ellos me dijeron ahí está la ventanilla, decidí no decirles nada pero pensé, bueno, si fueron tan indiferentes conmigo, porque no creo que no me hayan reconocido, si tenemos más de 20 años de conocernos”, lamentó la periodista Rivera.

“Y yo hablaba de esto con mi esposo, del marginamiento que a veces se siente. “Entonces cuando llegué allí le dije a la muchacha que estaba en la ventanilla que yo andaba muy mal y ella me dice que allí ningún doctor me puede ver porque todos están en la sala Covid, por lo que tampoco podían salir”.

Se imaginan, cuanta vuelta hacen dar a una persona enferma en lugares que se supone están dedicados exclusivamente para la atención de la pandemia, pero que el sistema tortuga e indolente no se compadece por el dolor ajeno.

Lo peor es que la población sigue cargando con la culpa por el continuo crecimiento de la enfermedad; pero si es que estas situaciones como la relatada por Marlyn en verdad no motivan a la población que se siente mal porque no siente confianza en el siustema.

Pero reconoce la indiferencia con la que a menudo son vistos los pacientes,por ello es que muchísimos prefieren quedarse en sus casas, muriendo en angustia, muriendo en dolor y desde luego, contagiando su entorno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.