Un mundial de gimnasia que tiene en Simone Biles su principal vitrina

Stuttgart está lista para este gran día con el inicio del mundial de gimnasia, en donde la estrella de los Juegos Olímpicos de Río hizo que los ojos del mundo se fijaran en ella.

Millares de espectadores se acercaron a la sesión de entrenamiento oficial de las estadounidenses para ver volar de cerca a Biles, que promete nuevos récords en la ciudad alemana: convertirse en la primera gimnasta en lograr cinco títulos mundiales, superar las 23 medallas mundialistas de Vitaly Scherbo (suma 20) e inscribir en el Código de Puntuación los dos nuevos elementos con los que asombró al mundo este verano.

“Nunca pienso en cuántas medallas de oro puedo conseguir”, afirmó Biles en rueda de prensa, abarrotada, “sino en terminar todos mis ejercicios y hacerlos bien”. La declaración, políticamente correcta, tiene gracia porque, desde que debutó en unos Mundiales en 2013, lleva 14 oros, más que ningún otro gimnasta en la historia.

La Simone Biles de hoy es más segura y sus ejercicios mucho más complicados, tal vez porque la meta olímpica está cada vez más cerca y ha asimilado a la perfección el cambio de entrenador.

Hoy, bajo la atenta mirada de los franceses Laurent y Cecile Landi, es una gimnasta renovada, madura y segura de sí misma. A los 22 años, no tiene nada que demostrar pero debe encontrar la motivación para seguir entrenándose y compitiendo en un deporte tremendamente exigente.

En Stuttgart, la campeona olímpica tiene previsto realizar el triple-doble en suelo —doble mortal agrupado con triple pirueta, tan difícil que los jueces se han inventado una nueva categoría— en todas las pruebas —por equipos, individual y por aparatos— y el doble-doble de salida de la barra de equilibrios, con el que será más selectiva.


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