Sobreviviente del Covid dos veces entubado relata cómo fue ese viaje hasta el umbral de la muerte

paniagua en la casa


Es, José Luis Paniagua, un hombre que por varias décadas laboró con la Cruz Roja Hondureña en San Pedro Sula, pero que en mayo anterior tuvo un terrorífico encuentro con el Covid.

“La verdad fue una experiencia bastante difícil, dura, porque verdaderamente yo les puedo decir que estuve con un pie en el cementerio y otro afuera. Vi la muerte muy, muy de cerca y es algo muy triste, duro, en la que solamente Dios con uno, haciendo posible que se pueda soportar esta enfermedad del Covid 19”, inicia relatando Paniagua.

Su valladar comienza porque el día en que se encontraba con mucha dificultad para respirar, en centro de triaje en esta ciudad no le pudieron realizar la prueba, por lo que tuvo que recurrir a un laboratorio particular que, para desconcierto de todos, el resultado fue negativo.

Pero como en el transcurso del día su condición de salud se  deterioró de forma rápida, fue llevado al Hospital Leonardo Martínez, en donde ante el evidente estado crítico fue ingresado a la sala de cuidados intermedios.

“Sin imaginarme que horas después de haber sido ingresado me iban a trasladar a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Ahora bien, cuando ya el flujo alto que tenía para asistir los pulmones y poder respirar,  ya no me respondían, de allí en adelante ya no recuerdo, solo me dijeron que me habían entubado”.

“Caí en un estado de inconsciencia a grado tal que me entubaron sin necesidad que me tuvieran que aplicar anestesia. Y ese estado de inconsciencia se debió a que yo ya no estaba respirando, o sea un paciente en este estado se encuentra a un paso de la muerte”, expresó.

En este punto, quiso aprovechar para darle gracias a Dios de una forma pública, porque no duda que el Supremo Creador estuvo con él en esos momentos tan difíciles. “Y con la seguridad y con la certeza que Él estuvo conmigo en todos los 27 días que yo estuve hospitalizado”, expresó con emoción.

También describió como una vez que había salido de la UCI y estando en la sala de recuperación tuvo una recaída porque al ver a diario cuánto paciente fallecía a diario lo condujo a un estado depresivo y éste a un estado de inconsciencia de nuevo.

“En el cual, todo lo que era la función de los pulmones se me vino abajo nuevamente y hubo necesidad de entubarme por segunda vez y de nuevo, no me enteré en qué momento sucedió”.

Narro que durante todo ese tiempo estuvo siendo asistido con oxígeno, porque sus pulmones estaban completamente afectados. “Incluso salí del hospital y vine a mi casa y todavía estuve un mes más con oxígeno.

“Cuando yo, ya estoy en mi casa, yo muy alegre porque había regresado a la vida, porque Dios así lo me lo había concedido y quise subir las gradas para llegar al dormitorio, en la segunda planta. Y allí me di cuenta que para mí era imposible hacer algo así, entonces me tuvieron que subir chineado, porque no tenía fuerza ni siquiera para eso”.

Así, sin salir para nada de su casa, pasaron cinco meses, que se extendió hasta siete meses para recuperar el estado de salud actual, que tampoco alcanza la plenitud que tuvo hasta antes de la enfermedad.

“Hay todavía secuelas, por ejemplo, si antes ya tenía problemas de memoria porque se me olvidaban las cosas, ahora mucho más. Se me olvidan muchas cosas con una facilidad increíble y eso es parte de algunas de las secuelas que deja el Covid-19”, señaló.

Con toda esta tribulación que a él le tocó vivir, saber cómo mucha gente, toma la enfermedad como algo muy lejano a ellos, incluso con irresponsabilidad, Paniagua dice sentir mucha tristeza.

“Sentí mucha tristeza para estas fiestas que acaban de pasar en diciembre, por tanta gente que andaba en los moles, en las principales calles de la ciudad, gente que andaba sin mascarilla y que no les importó la cantidad de gente que estaba a su alrededor, que no tomaron en cuenta el distanciamiento que debe guardar entre una y otra persona para evitar el contagio”

Desde que se vio eso, dice Paniagua que pensó en cuanta gente se andaba contagiando en ese momento, sin saber en realidad lo terrible y dolorosa que es esta enfermedad.

“Yo siempre dije, esto va a repercutir en el mes de enero y desgraciadamente no me equivoqué, tal como ahora lo estamos viendo. Y es lastimoso ver, hoy todavía, cualquier cantidad de personas que no quieren usar la mascarilla y que cuando uno les cuenta la experiencia que ha vivido responden ‘no hombre, el Covid solo está en tu mente’ nada más alejado de la realidad”, afirmó, por experiencia propia lo indeseable que es este mal.

Incluso manifestó que11 meses de pandemia prácticamente no queda una persona que no sepa de alguien cercano, sea vecino, compañero de trabajo, familiar, hermano o hermana de congregación, que el Covid se lo haya llevado, que ya no se cuenta entre nosotros.

Y que pena que con tantos ejemplos que a diario estamos viendo, cerrar los ojos a esta realidad, en verdad equivale a no estar en sus cabales, porque nadie con su razonamiento en buen estado, podría ser capaz de menospreciar esta enfermedad que solo en Honduras le ha arrebatado la vida a cerca de 4,000 personas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.