REFLEXIÓN CRISTIANA: ¿Por qué sufrió y murió Jesús? Y ¿Cómo nos beneficia su resurrección?

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“Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado” (Romanos 5:12).

Los primeros tres capítulos del libro bíblico de Génesis relatan que Dios les ofreció a la primera pareja humana, Adán y Eva, la posibilidad de vivir eternamente y les dijo lo que debían hacer para lograrlo. También muestran que ellos le desobedecieron y perdieron esa oportunidad.

Todo se explica de manera sencilla, tan sencilla que algunos piensan que se trata de un cuento. Pero al igual que los Evangelios, el libro de Génesis tiene todos los elementos de un registro histórico confiable.

¿Qué consecuencias ha tenido la desobediencia de Adán? La Biblia responde: “Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). Adán pecó al desobedecer.

Entonces perdió la oportunidad de vivir para siempre, y con el tiempo, envejeció y murió. Como somos sus descendientes, hemos heredado la tendencia a pecar. Por eso, nos enfermamos, envejecemos y morimos. Esta explicación concuerda con lo que hoy se sabe sobre la herencia genética. Veamos ahora qué hizo Dios para remediar nuestra situación.

La Biblia dice: “El salario que el pecado paga es muerte” (Romanos 6:23). Es decir, la muerte es el resultado del pecado. Así que Adán murió porque pecó. A nosotros nos pasa lo mismo: pecamos y por eso morimos. Sin embargo, dado que no somos culpables de haber nacido pecadores, Dios tuvo misericordia de nosotros y envió a su Hijo, Jesucristo, para que “pagara” nuestra deuda. ¿Cómo pagó él esa deuda?

La Biblia lo explica de este modo: “Así como mediante la desobediencia del solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así mismo, también, mediante la obediencia de la sola persona muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19). Y esa “sola persona” fue Jesús, quien abandonó los cielos, fue un hombre perfecto y murió por nosotros. Eso permite que Dios nos considere justos y recuperemos la posibilidad de vivir para siempre.

Pero ¿por qué era necesario que Jesús muriera para conseguir todo esto? ¿No podría Dios haber emitido un decreto que hubiera permitido a los descendientes de Adán vivir para siempre? Aunque no hay duda de que él tenía la autoridad para hacerlo, habría pasado por alto su propia ley de que el pecado se paga con la muerte.

Y es que no se trata de una norma insignificante que se pueda descartar o cambiar cuando convenga. Se trata de una ley imprescindible para que se haga justicia (Salmo 37:28).

Como Dios respetó su propia ley para nuestra salvación, ahora tenemos la garantía de que siempre hará lo que es justo.

El que su Hijo sacrificara su vida permitió que Dios volviera a dar a los seres humanos la oportunidad de vivir para siempre en un paraíso terrestre. Jesucristo mismo dijo: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La muerte de Jesús confirma, no solo la justicia de Dios, sino también el gran amor que nos tiene.

Pero todavía queda en pie la pregunta: ¿por qué tuvo que sufrir y morir de esa forma tan horrible? Al estar dispuesto a probar su obediencia hasta ese extremo, desmintió de una vez por todas la afirmación del Diablo de que los seres humanos no serían leales a Dios ante las pruebas (Job 2:4, 5).

Después que el Diablo consiguió que el primer hombre perfecto desobedeciera, pareció que tenía razón. En cambio, Jesús, que también era perfecto, fue obediente aun en las peores circunstancias (1 Corintios 15:45). Así demostró que si Adán hubiera querido, también habría podido obedecer a Dios. Además, nos puso el ejemplo para que hagamos lo mismo (1 Pedro 2:21). Dios recompensó la obediencia total de su Hijo dándole vida inmortal en el cielo.

La muerte de Jesús ocurrió de verdad y abrió el camino a la vida eterna. Así que la pregunta es: ¿Le gustaría vivir para siempre? Jesús dejó dicho qué debemos hacer para lograrlo: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3).

Jehová permitió que su Hijo fuera asesinado por sus enemigos y tres días más tarde le devolvió la vida. Jesús resucitó como un ser espiritual y poco después regresó al cielo. Allí presentó delante de su Padre el valor de su vida humana perfecta para recuperar lo que Adán había perdido tanto para él como para sus descendientes.

Jehová aceptó el sacrificio de su Hijo y eso ha abierto la puerta para que todo aquel que ponga fe en Jesús pueda recibir vida eterna (Romanos 3:23, 24; 1 Juan 2:2).

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