Padres de familia en sectores populosos tienen un 100 por apoyo a sus hijos para clases en línea

Captura clases encasa


Eso a pesar que no siempre resulta fácil decidir entre dar el pan del saber a sus escolares hijos, o poner el alimento en la mesa familiar.

En muchos hogares hondureños en donde los ingresos apenas alcanzan para poder llevar lo necesario para el sustento diario, que de repente este año se vean obligados a dejar presupuesto para comprar internet para que sus hijos puedan recibir clases, es una situación que no siempre se puede cumplir.

La señora Bessy Durón, en su condición de presidente de la Asociación de Padres de Familia del Kinder José Felipe Fernández, de la colonia Fe y Esperanza del sector Chamelecón nos dice que esta es una situación para la que nadie estaba preparado.

“La verdad que es bien difícil porque no todos los padres tenemos las mismas posibilidades, algunos podemos otros no; a menudo hay que decidir entre comida o internet, peor ahora que esto se está extendiendo más, tanto que a menudo la educación debe pasar a segundo lugar para priorizar en la comida y la salud”, expresó la señora Durón.

Ella como integrante de la asociación sabe de las dificultades de algunos padres de familia de escasos recursos y reconoce que en algunos casos son verdaderos sacrificios que los papás deben realizar para poder proveer de internet a sus hijos y así reciban clases por medio de esa vía.

“Porque digamos, para hacer una tarea, un padre de familia tiene que gastar 170 lempiras semanales para poder cargar un video porque es uno de los internet más cómodos, para poder  cargar un video o enviar una tarea”.

Por cierto que no es gran cantidad en rentabilidad porque en unos dos videos le consume los datos y si no tiene para otra recarga, se queda el niño con la terea ‘a medio palo’; por lo tanto, “hay que estar sabidos que si yo le compro es solo para eso”, dijo la madre de familia.

Otro caso nos lo relata la señora Maura Rodríguez, quien con dos niños de escuela y uno de colegio deben organizar muy bien el tiempo de uso del celular para que pueda rendir para todos.

“Bueno debo ponerle internet dos veces a la semana, en la mañana una (hija) hace tareas, la de séptimo lo hace por las tardes y al medio día pongo a cargar el teléfono porque se descarga. Ya en la tardecita cuando termina la de segundo, pongo al niño (de kínder) a que mire los videos que le manda la profe”, relató doña Maura.

Ella cuenta con el apoyo de su esposo quien es el que provee para el hogar, entonces además de los oficios de la casa, le dedica tiempo especial a sus hijos para que puedan cumplir con sus obligaciones escolares bajo esta modalidad.

Sin duda que hacer tareas por medio de un teléfono no resulta cómodo, pero si ese mismo aparatito debe servir para que sus otros dos hermanos también puedan hacer lo propio en verdad que la situación se complica aún más.

“Bueno a los niños hoy en día parece que les gusta la tecnología, pero sí es algo complicado, además que si uno no tiene para internet no hay tareas, no me puedo imaginar cómo podríamos hacer sin ese teléfono porque ellos necesitan estarse comunicando con sus profesores para saber qué es lo que deben hacer”, relató.

Casos similares se repiten por centenares en cada barrio populoso de las ciudades hondureñas. Sin embargo estos son dos casos distintos, en el primero la familia puede pagar una membresía mensual de internet, en el segundo lo hace cargando datos a un teléfono; pero hay un tercer grupo que ni lo uno ni lo otro.

Son los millares de escolares que la estadística los registrará como desertores del año lectivo, aunque la Secretaría de Educación de momento no ha emitido ningún dato estadístico; pero si se sabe ese aspecto vendrá a significar un enorme retroceso en las proyecciones de escolaridad.

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