La Santa Inquisición corrió a juzgar al alcalde de Guaimaca, sin ver antes sus vidas privadas

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Por: Carlos Martínez Z.
          Noticias 24/7 HN

Luego de que se viralizo el video donde aparece el alcalde de Guaimaca, Henry Armando Raudales aparentemente inhalando Cocaína, la mayor parte de la sociedad se convirtió en un juez inquisidor, donde él no tiene derecho a la defensa, ni a pedir perdón, sino sencillamente ser lanzado a la hoguera.

Las adicciones en nuestra sociedad está a flor de piel y no solo se reduce a las de las drogas “prohibidas” miles de hondureños son adictos a las pastillas, al alcohol, a las redes sociales, a la violencia familiar y hasta la pornografia, pero como son adicciones muy ocultas y son parte de la mayoría de la sociedad, no las juzgan.

En el caso del alcalde de Guaimaca, la adicción a la  Cocaína es una de las más fuertes y requiere de mucha fuerza de voluntad, del apoyo de su familia y amigos y de buscar de la ayuda de Dios a través de un pastor o un sacerdote.

Solo los que hemos vivido una adicción sabemos que es cargar con esa lucha, que una vez que se prueba una dosis de droga por pequeña que sea no se puede detener, se pierde el autocontrol.

Por eso veo con extrañeza como “líderes” como Luis Zelaya corrieron a juzgarlo en público, sin antes como autoridad del Partido Liberal hablar en privado y buscar la forma de cómo ayudarlo a salir de esa pesadilla.

Más pareciera que el problema del alcalde de Guamaica se está utilizando con fines políticos, para destruir no solo la imagen del edil, sino todo lo que está a su alrededor como la corriente política de donde salió, pareciera un acto de venganza de Luis Zelaya por no haber sido parte de su movimiento.

La Biblia es clara, que arrogue la primera piedra el que esté libre de pecado, pregunto todos los que han juzgado al alcalde de Guaimaca llevan una vida limpia, pura y cristalina o tiene más de una adicción bien escondida.

El futuro del edil está en manos de la Asociación de Municipios de Honduras o en la autoridad correspondiente, pero más en la decisión que él tome respecto a que quiere de su vida, aceptar su problema, buscar ayuda y pedirle perdón a su familia y a su municipio.

La pregunta es, estamos dispuesto a perdonarlo y a darle una segunda oportunidad, para que demuestre que en realidad quiere cambiar o el juez inquisidor de la sociedad ya dictaminó que la pena es, que no merece el perdón.

Cuantos en este mundo hemos cometido errores garrafales que nos han marcado en nuestro trabajo, con nuestra familia o con nuestros vecinos y nos ha tocado suplicar por una segunda oportunidad, cuidado con lo que juzgas, porque no vaya ser que por lo algo puedas ser juzgado y no tendrás derecho a pedir una segunda oportunidad.

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