Guiada por Dios: Doris Barahona relata cómo luchó para rescatar su matrimonio y evitar el divorcio

Captura 2 Doris

El testimonio de hoy relata el testimonio de la señora Doris Barahona de Martínez, esposa del periodista Carlos Martínez, de cómo fue posible que con plena fe en Dios, logró recuperar su matrimonio cuando todo parecia que se dirigía al fracaso.

“Fue por la gracia y la misericordia del Señor”, inicia su relato, al recordar las veces estuvieron a punto de reconocer que hasta en ese momento llegaba todo, que hasta ahí les llegaba la ayuda de Dios.

“Creo que son los momentos más dolorosos que yo he podido vivir y recuerdo que le decía al Señor ‘prefiero tener un cáncer, algo que me duela más físicamente, a esta pesadilla’. Pero fui entendiendo que era propósito del Señor, para acercarme a Él, para buscarle de todo corazón, entonces creo que la prueba fue para acercarme al Señor”, reconoció.

Entre tanto y tanto hubo un sinnúmero de ocasiones que por la mente de ella cruzó la idea de divorcio, sin embargo siempre estuvieron los consejos oportunos, tanto de la hermandad como de su pastor y, desde luego, La Palabra que siempre se manifestó con ella, apuntó.

“Sí recuerdo que una vez en el 2008, por el mes de noviembre mas o menos, pasó algo que realmente me dolió y me sentía muy avergonzada. Fue una vez que alguien te llamo a este programa y habló de una amante que tenías, fue algo que me dolió; y esa vez sí tenía la seguridad que me iba a divorciar”.

“Y recuerdo que pedí consejo a uno de los pastores de nuestra congregación y me dijo. ‘Hermana usted puede hacerlo, usted ha peleado la batalla’, ya eran más de 10 años que yo había estado procurando que nuestro matrimonio saliera adelante. Y me dijo, ‘usted ya peleó su batalla y el Señor la puede respaldar’”.

Recuerda que ese año viajaron a Miami, a pesar que en la relación para entonces ya había bastante tirantez, de hecho eran muy escasas las palabras que intercambiaban, apenas lo estrictamente necesario; decidió acompañarlo en el viaje, así aprovecharía para visitar a familiares que hacía tiempo no los veía.

Y en el avión mientras Carlos dormía, Doris inició conversación con otra pasajera una vez que ambas se identificaron como cristianas, en la plática ella me fortaleció, porque había pasado por una situación similar y pudo ver como el poder de Jehová actuó y puso las cosas en orden.

“Entonces yo pude entender que no era la voluntad del Señor que yo me divorciara, o sea, no fue casualidad que yo me encontrara con esa señora. Y de la idea que tenía al iniciar el viaje, resultó ser como una segunda luna de miel, porque nos reconciliamos y la señora me dijo, ‘yo le prometo que voy a estar orando y Dios la va a fortalecer y la va a sacar adelante, y producto de esa reconciliación está nuestra hija menor, Keicy”.

Por ello no duda en reconocer la importancia de tener el oído presto para saber escuchar y así comprendió que el encuentro en el avión con esa señora no fue producto de una casualidad y recibir sus oportunas palabras de aliento.

“Y yo decía, si ella ganó la batalla, yo la puedo ganar también”. Desafortunadamente para el matrimonio el momento de felicidad resultó efímero, porque con un nuevo el rol de Carlos involucrado en la política, una cosa llevó a la otra y de nuevo aquella confianza reconquistada vuelve a ser traicionada. Tanto que fueron cuatro años administración pública, pero de mucho dolor íntimo para ella.

“Saber que era la voluntad de Dios que estuviéramos juntos, pero que no había un cambio en tu vida” __le dice a su esposo__ “A mí eso me dolía mucho, me frustraba, pero pensé; ‘si Dios me da la fortaleza, yo voy a continuar hasta el final’; hasta donde el Señor dijera, o sea, hubo un momento en que le dije ‘Señor yo renuncio a mi esposo, yo lo saco de mi corazón, te pongo a ti, que se haga tu voluntad, tú eres quien ocupa el primer lugar en mi vida”, narró Doris.

Pero el tiempo de política pasó, más no así la situación tensa, plagada de traiciones. ¿Cómo fue posible aguantar tanto? Ella confiesa. “Lo que me sostenía eran las promesas del Señor, porque recién yo había llegado a la iglesia, el Señor me había dado palabra y me decía que yo tenía que brillar en medio de las tinieblas, que tenía tu nombre esculpido en su mano, eso para mí era su promesa que no iba a fallar”, afirmó.

“Y yo sé que el Señor instituyó el matrimonio y que el enemigo es el que ataca al matrimonio, entonces yo sabía que estaba en una guerra espiritual y mientras más yo oraba, entonces obviamente el enemigo iba a tener una reacción, iban a empeorar las cosas; pero también sé que Dios es mayor y yo sabía que Él me iba a dar la victoria, no sabía cuándo, y le decía ‘puede ser que pase algo cuando esté en el lecho de muerto pero Tú vas a hacer algo y mis ojos lo van a ver’”, recordó con conmoción.

¿Acaso es el divorcio una salida, o solo es la solución más fácil? Probablemente es el camino ancho por el que la mayoría de matrimonios en conflicto optan. “Bueno, existen dos caminos, verdad, o peleamos la batalla o nos divorciamos, creo que la más fácil es el divorcio, a tener que resistir en una guerra”, dijo sin duda alguna.

Aquí es donde  asalta la ineludible pregunta para los cristianos. “¿Entonces en qué estamos, si creemos en un Dios?; en mi caso yo creo en un Dios que ha dicho que no hay nada imposible para Él. Entonces en mi caso, yo decidí librar la guerra espiritual y hay que ver que es como una balanza, o sea, el divorcio y las consecuencias que pueden haber, si hay hijos, es una familia que se va a destruir, un pecado que se hereda a las siguientes generaciones, yo les iba a heredar a mis hijas un divorcio y yo todo eso lo ponía en balance; entonces preferí irme a la guerra”, afirmó.

En este punto Carlos le recuerda el pasaje bíblico del Libro de Josué 1:9 que dice. “Mira que te mando que seas valiente, no temas ni desmayes porque Jehová, tu Dios, está contigo”.

De tal modo que el mejor camino que puede y debe tomar un matrimonio en conflicto es esforzarse, tanto el esposo como la esposa, tal como lo aconseja Josué 1:9. “Así es, si el caso es una mujer que está peleando por su esposo, La Palabra dice que la mujer santifica a su marido. Y esa es una de las palabras que a mí me sostenía, decía yo, ‘si yo ando en integridad, mi esposo es santificado, aunque estuvieras en pecado, pero en algún momento la luz que había en mi, iba a resplandecer en tu vida”, le dice a su esposo.

“Entonces mi consejo para las mujeres es que si es ella la que está siendo afectada que pelee la buena batalla de la fe” __ ¿Pero cómo?__ “Primero que se acerque a Dios, porque esto no es de conceptos, es tener una relación real con el Señor, recibirlo en el corazón como su salvador y Él se va a encargar de todos nuestros asuntos”, expresó con seguridad plena.

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