Entrevista con José Luis Escoto, un maestro por convicción cuya voluntan lo impulsa a «dar una milla más»

Captura profesor


Con el deseo pleno de querer ser como su muy apreciada maestra, Elizabeth Bajurco, que le dio clases durante toda la primeria y en contra de sus padres que deseaban que fuera un emprendedor tal como lo eran ellos, el profesor José Luis Escoto, decidió hacerle caso a su corazón y hoy es un abnegado maestro que sirve en un sector marginal de la ciudad.

Cierto de día del año 2010 se presentó como maestro voluntario a la escuela unidocente de la colonia Flor de Cuba, de inmediato comprendió por qué le atraía tanto el magisterio. “Y cuando yo miré la alegría de un niño, su sonrisa, el cariño de un niño que es bien grato, es sincero, yo supe que yo no quería ir a la universidad, yo quería ser un docente”, expresó el profesor Escoto.

Reconoció que el magisterio le da alegría y es inevitable que el maestro transmita esa alegría a sus alumnos, incluso mediante clases que no forman parte de la currícula, pero que sí formarán parte de ese ciudadano del futuro. “Les decía hoy a a mis alumnos de la aldea El Carmen, que no tienen energía eléctrica .

“Y les decía yo ‘olvídense de la energía eléctrica, tenemos luz, nosotros somos luz’. El magisterio es luz, el magisterio es el que tiene la vela encendida, somos el único gremio que reclama; y somos el gremio más atropellado en estos últimos 10 años. Hemos sido atropellados, humillados, pero el magisterio sigue ahí”.

“Aunque le robaron el pisto del Imprema, aunque ahora nos toque jubilarnos a los 65 años, el magisterio sigue ahí”, reiteró.

Recordó que en otra ocasión dijo a sus alumnos, en una oportunidad delas muchas que surgen para hablar con ellos y reflexionar. “’Yo puedo ser el peor maestro, pero aparten todo lo malo y sean mejores que mi’, porque ese es el sueño de todo docente, que sus alumnos resulten mejores uno”.

Escoto considera que el maestro antes que calificar al alumno debe hacerse una  autoevaluación, y revisar si está dando el 100 por ciento. “O puedo dar el 200 por ciento, sintiendo si lo que estoy haciendo es correcto. Un niño no se puede medir por lo que puede contestar en un examen, sino por la actitud que tenga”.

“Un niño que sus padres dejan de comer para comprar una recarga el sábado, porque quiere que su niño reciba la clase, entonces a ese niño cómo les vas a decir ‘estás reprobado’ ¡cómo! Un niño que va a pepenar basura y que cuando va a la escuela tiene una válvula de escape; entonces, cómo lo vamos a reprobar”.

“Por eso digo, tenemos que evaluarnos y saber si estamos dando lo mejor de nosotros, o si podemos dar más. Por cierto que me decía una compañera de otro centro. ‘Usted tiene pisto por eso es que va a dejar copias’. Lo cual no es cierto, porque mi enfermedad me consume el 70% de mi salario”, ya que padece de una enfermedad que la ciencia dice que es incurable, pero que Escoto con su fe en Dios la está enfrentado y no lo está matando.

El profesor Escoto tiene una disciplina sicológica muy fuerte para lidiar con esta situación, que es sencilla, pero requiere de mucha fuerza de voluntad. “La enfermedad es un estado físico, pero no mental, entonces, si mi mente está bien mi cuerpo va a estar bien; y aunque tenga dolores físicos en mi mente no me duelen, entonces si mi mente no me duele mi corazón está sano y puedo dar más”. Desde luego las medicinas son el complemento pero con mentalidad positiva sus efectos son mejores.

Escoto considera a la escuela como la terapia que le ha ayudado a reponerse de la enfermedad. “Cuando yo fui a la escuela yo empecé a verme mejor, hoy estoy supergordo”, recordó que hasta diciembre perdía una libra de peso al día. Y aquí estoy porque Dios es bueno y eso es lo que yo quiero decirle al pueblo hondureño, Dios es bueno, Dios es bueno y nosotros somos hijos de Dios, expresó con convicción.

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