Darwin, el joven ceibeño no vidente que se convirtió en un emprendedor exitoso

¿Qué harías si un día, despiertas y no puedes ver nada? Eso le pasó a Darwin Espinal, cuando tenía solo 12 años. Darwin tuvo que interrumpir su escuela, paralizar un tiempo su vida, mientras asimilaba que es lo que estaba pasando. Siendo un adolescente cayó en depresión.

Sin embargo, Darwin tiene una característica que lo define. Él es valiente. Logró superar su depresión, gracias al amor incondicional de su familia.

El padre de Darwin es artesano y se dedica a la elaboración de hamacas a base de cabuyas, un oficio que a Darwin nunca le interesó. Pero un día, este adolescente empezaba a notar que desarrollaba otros sentidos, como el tacto, el oído y la concentración. Por lo que decidió pedirle a su padre que le enseñara el noble oficio de hacer hamacas.

Poco a poco, Darwin empezó a memorizar como enhebrar la cabuya en la aguja, cuantas vueltas darle para hacer los remates, a medir los metros de cabuya que necesitaría, valiéndose solo de su sentido de tacto con un extra de concentración.

 

Y fue así, que un día sorprendió a su familia, mostrándoles la primera hamaca elaborada por el mismo. Y ese día, entendió que la vida tenía sentido.

Hoy en día Darwin elabora sus hamacas por pedidos, las hace al gusto de sus clientes, y sobre todo se caracteriza por ser muy responsable y puntual con sus pedidos.

El buscaba emprender y expandirse junto a su padre. Entonces, llegó a un Centro de Alcance Juvenil del Proyecto GENESIS, ubicado en la comunidad de Bonitillo en La Ceiba. Y allí, aprendió las bases para iniciar su negocio. Presentó su proyecto y lo defendió con ahínco, lo que le valió ganar el primer lugar para obtener los implementos necesarios y comenzar.

Darwin quien ahora tiene 18 años, nos da una gran lección de vida: “Yo recuerdo los colores, el camino a la escuela, el rostro de mi madre, mis hermanos y por eso no me pierdo tan fácil en Bonitillo, yo sé lo que es tener la vista y sí, me hace falta, pero tengo que salir adelante”.

La ceguera de Darwin, no fue sorpresa en su familia, al parecer es una condición hereditaria, ya otros 3 familiares también han perdido el sentido de la vista, entre ellos, su padre, su hermana mayor, su hermano más pequeño y él.
Pero también es hereditario el sentido de compromiso y perseverancia en su familia, porque ahora él junto a su padre elaboran hamacas y las venden por encargo en La Ceiba.

Un ejemplo, de que los obstáculos se pueden superar, y si estas junto a alguien se puede llegar más lejos.


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