Con una estela de incendios forestales y tala ilegal hondureños conmemoraron el Día del Árbol

En medio de plena pandemia, las actividades por motivo del Día del árbol fueron escasas, algunas instituciones realizaron siembra de plántulas y otras regalaron a transeúntes en diversos puntos.

Desafortunadamente para el ambiente y por añadidura a la población, la destrucción de los bosques hondureños es visible en los cuatro puntos cardinales del país centroamericano, de 112.492 kilómetros cuadrados, que en su mayoría son montañosos.

Las campañas de reforestación que todos los años desarrollan organizaciones públicas y privadas pareciera que son insuficientes por la acelerada destrucción de la foresta hondureña.

Montañas que en el reciente pasado estaban cubiertas de pino o árboles de hoja ancha, ahora lucen despobladas y en muchos casos sirviendo para cultivos agrícolas y alimentación del ganado.

En algunas regiones los cerros incluso han sido utilizados para la siembra de palma africana, actividad que comenzó a tener mayor auge partir del decenio de los 70 del siglo pasado.

Como es lógico, el daño ambiental que sufre Honduras se refleja en ríos, cuyos cauces no tienen agua durante el verano, pero en el invierno se desbordan y causan severas inundaciones, porque arriba en las montañas la depredación ha sido inmisericorde.

De ahí que este accionar, que lleva décadas de ejercicio ha vuelto al país a ser reconocido internacionalmente como uno de los más vulnerables a los efectos del cambio climático.

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