Chamelecon resurge en medio de lodo, una historia qué hay que vivirla para contarla

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Por: Carlos Martínez Z.

Muchos hemos oído de la magnitud del desastre de Eta e Iota en Honduras y la mayoría habla y opina sin haber ido por lo menos a una zona afectada, como Chamelecon por ejemplo.

La tarde del pasado jueves tuve la oportunidad de ingresar a Chamelecon y allí me di cuenta que no es lo mismo ver un video o una fotografía, que estar en medio de aquella destrucción cubierta por capas de lodo.

Llegamos al negocio del amigo Julio, nos recibe con una sonrisa, vestía una calzoneta, botas de hule y una camiseta, toda su vestidura con la huella del lodo de Iota, “ella es mi esposa y aquí estamos limpiando por segunda vez”.

Saco mi celular para hacer unas cuántas fotos y me dice con mucha seguridad “camina tranquilamente que aquí no te va pasar nada” comienzo a caminar y mi mente empieza asimilar los datos para escribir esta historia.

Mis ojos ven el cementerio destruido, fosas abiertas y el relleno de lodo, donde solo quienes visitan estén panteón pueden contarnos a ciencia cierta donde está el mausoleo de su amigo o pariente, pues quedo como un rompecabezas que no sabemos por donde iniciar.

Al avanzar me encuentro con pasajes donde prácticamente el acceso es imposible, pero en estos también veo a hombres y mujeres que luchan por recuperar sus sueños y dejar sus casas limpias de nuevo.

Me llama la atención un caseta de madera, una glorieta, a la que le pintaron un rótulo que dice “Iota” y de fondo una calle donde su acceso es imposible por la inmensa capa de lodo.

Escucho que alguien dice mi nombre “Carlos Martínez” es un joven en bicicleta lleno de lodo de pies a cabeza que anda en busca de sus familiares e inicio su travesía desde Choloma.

Al consultarle porque anda descalzo, nos explica que era tanto el lodo en el sector donde andaba que sus tenis perdieron la batalla y los tuvo que botar.

Teníamos que seguir el camino pues nuestra misión con los que llegamos a Chamelecon era ver de qué forma les ayudábamos a que el nivel del agua bajara en determinados sectores.

Llegamos a la Villeda Morales pegada a las cañeras y allí nuestros planes cambiaron y nos encontramos con un inmenso lago de ocho cuadras hasta el bordo de La Canaán.

Allí tres señores de la tercera edad nos contaron cómo los políticos los han utilizados y nunca les han resuelto el problemas de las inundaciones, hasta los hicieron comprar un terreno para instalarles un bomba y esta nunca llegó.

En medio de la plática aparece una señora, preguntándole a estos caballeros si sabían cómo estaba su casa y uno de ellos le dijo inundada como la mía, “allí no se puede entrar el agua me llega al pecho” dijo aquel humilde hombre.
La señora le responde “me urge mi comal porque hay que comer y por lo menos tortillas hay que echar” después de esto inicio su camino en medio de las cañeras para lograr obtener su comal.

Nosotros también continuamos nuestro camino rumbo al bordo de La Canaán, una pared nos revela los dos niveles de agua hasta donde llegó Eta y Iota y de fondo un lago de agua estancada.

Llegamos en el vehículo hasta cierto punto, en adelante la tierra estaba floja por lo que debíamos continuar a pie y así llegar al puente Plateado.

Caminamos unas ocho cuadras aproximadamente y al estar en medio del puente nos dimos cuenta que el rio Chamelecon nos es cualquier rio y que las soluciones a este sector van más allá de bordos de contención.

El rio Chamelecon rompió por lo menos en tres tramos el bordo que protege al sector Chamelecon, uno de estos fue en La Canaán, su abertura es casi de media cuadra.

La pregunta es cómo sacar el agua pues la hondonada que existía para hacer la correntía quedó como un inmenso relleno de arena, una planicie de casi media manzana, nos comentó Julio.

Es urgente equipo pesado para llevar el agua estancada hasta el rio y luego trabajar con achicadoras, antes que esta se pudra y pueda provocar una epidemia en la zona.

Pero al ver el rostro de los chameleconenses que no se doblegaron ante Eta y Iota, lo único que nos queda como sociedad es darles la mano solidaria y apoyarles para reconstruir su vidas.

Estos fenómenos naturales nos dejan algo claro que en un abrir y cerrar de ojos podemos perder todo, pero en otro abrir y cerrar de ojos aunque tengamos el lodo a la cintura nos ponemos de pie para salir nuevamente adelante, gracias Chameleconenses por esa gran lección de vida que nos están dando.

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